ALCAUDON COMUN (Lanius senator) – Ver en Galería de Imágenes
No es infrecuente oír a partir del mes de mayo la llamada y el canto del Alcaudón Común. Se trata de un pájaro bastante vistoso que habita zonas claras del bosque mediterráneo, dehesas, sotos, olivares, etc. Tiene la costumbre de cazar desde un posadero, que puede ser la rama de una encina carrasca o cualquier otro arbusto. Captura, además de insectos, lagartijas, lagartos e incluso ratones de campo, que muchas veces clava en los pinchos de los setos espinosos, disponiendo así de un almacén de provisiones. Emite diversas voces consistentes en una especie de ásperos krej.., krej... metálicos. El canto es fuerte y variado, con gorjeos, parloteos, silbidos e imitaciones. Está extendido por Europa, excepto en Inglaterra, hasta Polonia y, por el sur, hasta el norte de Africa. Inverna en Africa central.
El Alcaudón Común tiene un tamaño aproximado al de un verderón, 19,5 a 20 cm. Ostenta plumaje blanco, negro y rojizo. Píleo y nuca rojizo, amplias manchas blancas en escapulares, base de las primarias y obispillo; el vientre y el pecho es blanco o casi blanco; el color negro se reparte entre las plumas del dorso, que llega al antifaz (sólo en el macho) que le cubre la cara y la parte dorsal de la cola. La hembra es algo diferente, con mancha blanca que va del pico a los ojos. Los juveniles son parduzcos, con una especie de escamas o estrías a los lados del vientre y en el dorso. Su pico es robusto, ganchudo y negruzco.
Es un ave que suele nidificar un poco tarde en primavera. Y lo hace en el suelo, entre la maleza y en lugares soleados. Los machos llegan al lugar de reproducción antes que las hembras. Después de formar pareja, comienzan la construcción del nido, que consiste de ramitas, raíces, pelos, plumas, etc. La hembra pone 5 o 7 huevos entre verdosos y amarillos, con manchas grises y verde oliva, que incuba 14 o 15 días, tardando aún 20 más en abandonar el nido.
El Alcaudón Común es un ave protegida por la Ley. No obstante ser abundante, unas 400.000 a 800.000 parejas reproductoras, no es inmune a los peligros ocasionados por la ignorancia de nuestra sociedad, con continuos expolios de sus nidos, ruidos innecesarios en los bosques, envenenamiento de la maleza, árboles y arbustos con productos tóxicos, así como la agricultura extensiva, con la reducción cada vez más de las zonas áridas o poco favorecidas por el hombre.
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ZORZAL CHARLO (Turdus viscivorus) – Ver en Galería de Imágenes
Se trata de un zorzal grande, pues mide de 26 a 29,5 cm. de longitud, pero no canta como el común, siendo parecido al del mirlo, pero más breve, simple y penetrante. Su llamada o reclamo es una especie de charrrr..., y de ahí su nombre de charlo. En montaña ocupa zonas de coníferas de cierta altitud, pero también sabinares, hayedos, encinares y dehesas. Asimismo, se le puede ver en sotos y campiñas con árboles. Es migrador parcial, con indígenas sedentarios o trashumantes. En España invernan también aves procedentes de centroeuropa. A partir del otoño vive en pequeñas bandadas. Está extendido por toda Europa y por el norte de Africa.
En cuanto a su aspecto, diremos que se trata de un pájaro no muy vistoso, pues es uniformemente pálido, con motas ventrales redondeadas y bastante destacadas; cara despejada con claro-oscuros en las mejillas; rectrices externas con puntas blancas. La punta del pico es de color negruzco. Los juveniles poseen distintivas motas claras en el dorso.
Su alimentación consiste básicamente de insectos y gusanos, que localiza sobre todo en el suelo. En invierno suele alimentarse también de bayas del bosque, como muérdago, sabina, etc.
A finales del invierno comienza ya el insistente y penetrante canto del macho. En marzo construye un nido, generalmente situado a más de 10 metros de altura y casi siempre en pinos, básicamente formado de raicillas, paja, musgo y barro. Solamente nidifica la hembra, mientras el macho aporta el material. En abril pone 4 o 5 huevos de color verde azulado, con manchas violetas y grises o marrones, siendo también únicamente la hembra la que incuba durante unos 13 o 14 días.
De momento al menos, el Zorzal Charlo no parece estar en peligro, pues su población sigue siendo abundante, -unas 500.000 parejas reproductoras-, pero, sin embargo, al ritmo de destrucción medioambiental al que estamos acostumbrados, no sería nada raro que en un futuro próximo comenzara, como tantas otras aves, un rápido declive. Tiene suerte de no ser tan cazado como su pariente el Zorzal Común.
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URRACA (Pica pica) – Ver en Galería de Imágenes.
Es sabido que los córvidos son aves muy inteligentes. Entre ellos, son las urracas, tan frecuentes incluso dentro de nuestras pueblos y ciudades, las que mejor se han adaptado al progreso insostenible que estamos viviendo.
En las afueras de mi ciudad, Cerdanyola del Vallés (Barcelona), está situado el Parque de la Riera de Sant Cugat. En ambas orillas de la riera crecen árboles casi centenarios, especialmente Plátanos (Platanus hispánicus), pero también cañas y zarzales. Al otro lado hay extensos campos de cultivo. En el parque predominan los arbolillos y muchas lomas cubiertas de hierba. Y más allá de los campos comienza la sierra de Collserola. Salvo la sierra –a donde se desplazan con menor frecuencia-, estamos, pues, ante el hábitat ideal de las urracas. Y lo cierto es que son abundantísimas.
Las urracas tienen costumbres sedentarias. Se emparejan de por vida. Y todas aquellas personas que hayan osado domesticarlas –a lo que se acostumbran fácilmente-, saben que tienen la extraña costumbre de robarles los objetos brillantes, como sortijas, relojes, pulseras, gafas, etc. Las urracas localizan los desperdicios en los basureros con sorprendente rapidez, lo mismo que los insectos o gusanos, desenterrándolos con su largo pico corvino. Por el suelo suelen caminar o andar a saltitos, a veces abriendo las alas. Tienen un vuelo pausado, un tanto desgarbado y en línea recta. Su longitud es de unos 45 centímetros y su envergadura de 60. En cuanto a su colorido, podríamos decir que es uno de los córvidos más bonitos. Es esencialmente negro y blanco, pero el negro despide destellos purpúreos, casi azulados. Machos y hembras son del mismo color.
Ya en el mes de enero, y como hemos podido comprobar en el Parque de la Riera de Sant Cugat, las urracas machos se acercan a sus viejos nidos situados en la horquilla de árboles altos, pero también en algunos setos espinosos, emitiendo su característica llamada, una especie de chac, chac, chac o iaach, iaach, con la que pretende involucrar a la hembra en la construcción o reparación del nido, comenzando el galanteo. A veces se encuentran varios grupos y entonces comienza una algarabía de voces y diversas escaramuzas por conseguir el mejor sitio en el árbol. Las diversas nidadas de urracas pasan el otoño e invierno con sus progenitores, pero cuando éstos se aparean de nuevo, aquellas parecen dispersarse, de modo que la construcción o reparación del nido es un trabajo íntimo de la pareja. Y, como es natural, no permiten ninguna intrusión de aves foráneas. Las urracas, como todos los córvidos, no cantan, pero expresan su estado de ánimo con diversas voces, entre ellas, las indicadas.
Construyen el nido con ramitas, hierbas, carrizos, hojas, etc., y sobre él instalan una cubierta de ramitas espinosas. Su entrada es lateral y a veces bastante difícil de descubrir para cualquier depredador. La hembra pone, generalmente en abril, de 3 a 10 huevos verdosos intensamente pintados, que incuba unos 17 o 18 días, permaneciendo los polluelos en el nido entre 27 y 28 días.
Para terminar, algunas observaciones más, que demuestran la inteligencia de estas aves: las urracas localizan rápidamente carroñas en los campos y en las carreteras, y se retiran tan a tiempo del lugar, que es muy difícil atropellarlas. Además, cazan a veces lagartijas, ratones e incluso pajarillos del tamaño de un petirrojo; pero también saquean los nidos de otras aves, incluso del faisán. Dado que se comen los granos en las espigas del maíz, son bastante odiadas por los campesinos, que las cazan y las hacen servir como “espanta pájaros“. Además del hombre, tienen otro enemigo mortal: el críalo, que parasita sus nidos matando de hambre a los polluelos.
Las urracas son casi universales, pues se encuentran en toda Europa, gran parte de Asia, norte de Africa y de América. En España, su número oscila entre medio y un millón de parejas reproductoras, estando en aumento.
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MIRLO COMUN (Turdus merula) – Ver en Galería de Imágenes.
He aquí un pájaro que todo aquel que se interne en nuestros parques y jardines, así como en los bosques y sotos, podrá ver fácilmente, pues resulta familiar y abundante. El Mirlo Común parece estar por todas partes, y sólo escasea en comarcas deforestadas. Anda a saltos, parándose erguido, siempre vigilante. Se mete en las zonas más recónditas de los bosques húmedos y escarba con las patas y el pico entre las hojas secas y maleza, en busca de gusanos, insectos y caracoles. Y en la estación propicia se alimenta también de bayas y fruta.
Sus reclamos habituales suelen ser una especie de choc, choc, choc o chink, chink, chink y, en vuelo, algo así como chuirrrr; pero cuando se ve sorprendido emite un sonoro cacareo histérico. Canta ya desde el mes de febrero en algunas comarcas, que se suele prolongar a lo largo de la primavera y parte del verano. Consiste en unos sonidos aflautados y melodiosos, con un final un poco pobre y cascajoso. Para ello, le gusta posarse en las ramas altas o copa de un pino o roble, a veces a bastante altura. Pero tampoco desdeña los arbustos. Allí suele permanecer bastante tiempo, mientras canta, y sólo baja a tierra para alimentarse.
El Mirlo Común es residente en prácticamente toda la Península Ibérica, Baleares y Canarias. También habita en toda Europa, y a través de una estrecha franja, llega a China. Durante el otoño e invierno llegan a nuestro país algunos ejemplares europeos.
Entre machos y hembras existe dimorfismo sexual. El plumaje del macho es completamente negro. Sólo el pico y el anillo ocular suelen ser amarillos, salvo en el primer invierno, en que aquél es de color negro y, asimismo, el plumaje es un poco más claro. La hembra es de un color pardo-negruzco, con garganta pálida y pico oscuro o amarillento. Ambos tienen los ojos grandes y negros. En cuanto a su tamaño, diremos que es un ave de tamaño medio, oscilando entre 23,5 y 28 centímetros.
Cuando llega la primavera y su canto se distingue, por su potencia, entre el de otras muchas aves de menor tamaño que se reproducen en esta estación, comienza la pareja la construcción del nido, situándolo sobre árboles o arbustos, así como vigas de los invernaderos y empleando en su construcción pajas, raicillas, etc. Es en esta época que existe una marcada territorialidad, no tolerando los machos ninguna intromisión en su territorio de individuos foráneos, por lo que emprenden feroces luchas para echarlos. En realidad, su canto es también una advertencia a los demás congéneres para que se mantengan a raya.
En el nido, en forma de taza, cuyo interior tiene una capa de barro y tallos en el exterior, pone la hembra de 4 a 6 huevos gris-azulados, con muchas manchas, puntos y rayas marrones y grises. La incubación suele durar unos 13 o 14 días, durante los cuales el macho apenas la releva. Los polluelos abandonan el nido al cabo de unos 12 o 13 días más, cuando casi no pueden aún volar, pero entonces son alimentados durante algún tiempo por sus padres, que acuden al estridente reclamo de sus vástagos.
A pesar de todas las agresiones que proferimos contra la naturaleza, el Mirlo Común sigue siendo abundante, calculándose su número actual en unos 3 o 4 millones de parejas reproductoras.
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GARZA REAL ( Ardea cinerea) – Ver en Galería de Imágenes.
No resulta difícil verla en los pobres arroyos que aún nos quedan, y que están cada vez más degradados por la acción del hombre, como es el caso de la Riera de Sant Cugat, en las afueras de Cerdanyola del Vallés, en donde nos visita habitualmente una de ellas, tanto en invierno como en primavera o verano.
La Garza Real es una de las pocas ardeidas que va en aumento. Es residente todo el año, pero hay muchos invernantes europeos. Pesca en los ríos, lagos, lagunas, charcas, arrozales, salinas, costas..., y frecuenta tierras de labor. Forma colonias en árboles, a veces entre carrizos. Se alimenta de peces, anfibios, roedores y también de pájaros.
La Garza Real es un ave de tamaño grande, pues mide unos 90 centímetros y su envergadura puede llegar a 170. Vuela pausadamente y de forma elegante, con el cuello replegado. Emite de vez en cuando un ronco graznido. Por su aspecto se parece un poco a la grulla; los ejemplares reproductores tienen el pico amarillo y plumas ornamentales.
Cuando llega el mes de abril suelen regresar a sus territorios de cría, que en España acostumbran a ser las cuencas de los ríos Duero, Tajo, Guadiana y Guadalquivir. Así, llegada la primavera, comienza el apareamiento con varios movimientos rituales. La hembra pone en un nido construido con ramas secas y situado en un árbol alto, 4 o 5 huevos verdeazulados, turnándose macho y hembra en su incubación durante 25 a 28 días. Los pollos permanecen en el nido unas 6 o 7 semanas.
La Garza Real está extendida por toda Europa hasta el Japón, y por Africa. En España hay aproximadamente unas 2.000 parejas reproductoras. La aparentemente buena salud de que goza la Garza Real, por su extraordinaria adaptación al medio, puede ser tan sólo una quimera en el futuro, teniendo en cuenta el ritmo de destrucción de su hábitat
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ESCRIBANO SOTEÑO (Emberiza cirlus) – Ver en Galería de Imágenes-
El Escribano Soteño es muy frecuente en comarcas arboladas de mediana altitud, en las que existan terrenos abiertos, claros de bosques, sotos, dehesas y huertos. Suelen aparecer a veces en pequeñas bandadas, sobre todo en otoño e invierno, que se dejan caer sobre los barbechos y campos labrados. No emigra, efectuando sólo pequeños desplazamientos invernales. Está muy repartido en la geografía peninsular, siendo más frecuente en el norte. En el centro y sur se refugia en sotos. No sube tanto en altura como el Escribano Montesino, pues éste es frecuente verlo a más de 1.600 metros, como ocurre en el macizo del Montseny.
Existe un marcado dimorfismo sexual entre el macho y la hembra. El macho ostenta un dibujo facial característico, menos marcado en plumaje otoñal nuevo. Mientras que el macho posee la garganta negra, la de la hembra es clara. Los juveniles son parecidos a los adultos, pero algo menos amarillentos.
Al llegar la primavera, las bandadas se dispersan y los machos abandonan su discreta vida entre las ramas, posándose en las copas de árboles y arbustos –siempre en lugares bien destacados-, para emitir su canto, que tiene por objeto, como en todas las aves, marcar el territorio y atraer a la hembra. Es entonces cuando oímos ese sonido monótono, algo así como un se-se-se-se-se-se-se, repetido a intervalos determinados. El canto deja paso muchas veces a su llamada habitual, una especie de tsit-tsit-tsit... Cuando llega el mes de abril, el macho trata de atraer a la hembra, además, mostrando una brizna de paja en el pico y yendo de un lado a otro bastante alborozado. Sin embargo, el nido lo construye solamente ella.
Construye un voluminoso y descuidado nido sobre un árbol, arbusto o seto, o incluso en el suelo, cuya base es de musgo y el resto son raicillas y hierba. Allí pone la hembra, de mayo a agosto, 3 o 4 huevos de color azul pálido o verdoso claro con marcadas rayas oscuras. Los incuba alrededor de 12 días. Y también es sólo la hembra la que alimenta a los pollos otros 12 o 13 días.
Pertenece al grupo de los granívoros. Por tanto, se alimenta básicamente de cereales y semillas, pero también consume bayas en otoño e incluso insectos.
El Escribano Soteño es una de nuestras aves más comunes, y se calcula su número entre 500.000 y 800.000 parejas reproductoras.
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PETIRROJO (Erithacus rubecula) – Ver en Galería de Imágenes
Al Petirrojo es fácil observarlo durante todo el año, pero especialmente durante el otoño, cuando sus gorjeos y llamadas nos sorprenden en nuestras andaduras por los campos, bosques, parques y jardines. ¿Por qué canta tanto en esa estación, quizá aún más que en primavera, su época de reproducción? Tal vez para mantener su territorio hasta que llegue la época de celo, alejando así a sus competidores. Su canto es melodioso y agudo y su llamada o reclamo es una especie de tic-tic-tic. Es poco asustadizo, sobre todo el que vive en nuestros parques, junto a los setos y huertos. Se distingue sobre todo por el pecho, de un color rojo pimentón, el vientre blancuzco y el dorso castaño, con un pico fino y una cola corta. La hembra es de un color algo más apagado y de tamaño algo menor. En los ejemplares jóvenes, el rostro, pecho y flancos están franjeados de un color pardo oscuro. Tiene ojos grandes y oscuros. Su cuerpo es de aspecto un tanto rechoncho. Sale frecuentemente a los claros en busca de arañas y gusanos, así como diversos insectos, pues le gusta comer en el suelo. También consume bayas y frutos del bosque, según la estación del año.
Muchos petirrojos emigran en octubre al norte de Africa, quedando sólo los machos más viejos en el lugar de empolle. La razón de que en invierno sea más abundante en nuestra península, se debe a la llegada de migrantes procedentes del resto de Europa. Cría sobre todo en el norte y en las montañas, destacando las zonas de influencia mediterránea, en donde rara vez el suelo se hiela.
Durante la época de celo, la hembra es alimentada por el macho. Sólo ella construye el nido entre matojos de hierba, entre piedras, en agujeros de muros y árboles, etc., empleando musgo, raicillas, pajas y pelos. Pone de 5 a 7 huevos amarillentos, manchados de rojo y punteados, que sólo incuba ella durante 12 o 15 días. Los polluelos permanecen en el nido otros 13 o 15 días. Cuando lo abandonan, su pecho aún no es rojo, característica que les favorece en su deambular por el territorio de sus progenitores, pues llaman menos la atención de los depredadores. Los petirrojos suelen tener dos nidadas entre abril y julio.
El Petirrojo es una especie que aprende pronto a comer en comederos, cerca del hombre. En muchos lugares, sobre todo en el norte de Europa, son muy confiados. Está extendido, además de Europa, en Asia Menor hasta Siberia, y es una especie que, afortunadamente, aún no está en peligro de extinción.
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VERDERON COMUN (Carduelis chloris) – Ver en Galería de Imágenes –
Es uno de los pocos fringílidos cuyo número va en aumento. Y para ayudarte a conocerlo, destacar que suele emitir desde su posadero en una frondosa o un cable de nuestros parques y jardines, una especie de estrofa nasal que siempre suele durar exactamente igual. Emite, además, otros sonidos de reclamo, algo así como chil-li-li-li o chuit, a veces en vuelo.
Aunque es del mismo tamaño del Gorrión Común y también forma bandadas, no se parece en nada en cuanto a su colorido, pues en él destaca sobre todo el amarillo y verde, colores que se acentúan en primavera.
Habita sobre todo en áreas arboladas, en parques y jardines, huertos, sotos, bordes de arroyos con árboles, campos de labor y en bosques claros de tipo mediterráneo, en donde encuentra semillas y bayas de las que se alimenta. Es migrador parcial, con notable invernada.
Al llegar la primavera, como todas las demás aves, comienzan los verderones su periodo reproductivo. Entonces es cuando los oímos cantar casi por todas partes en donde haya árboles o cables, junto a la sinfonía de cantos de otras aves que nos trae esta bonita estación. Y seguirán cantado aún durante todo el verano, aunque cada vez menos. Suelen construir el nido en las ramillas de los árboles, sobre todo en coníferas, empleando en su construcción ramitas, briznas secas y pajas, a una altura entre uno y veinte metros del suelo. A comienzos de mayo, pone la hembra 5 o 6 huevos blanquecinos con pequeñas manchas y motas marrones rojizas y pardas. Son incubados por la hembra durante unos 12 o 14 días. En este tiempo es alimentada por el macho.
El Verderón Común está extendido por toda Europa hasta Asia central y noroeste de Africa.
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COLIRROJO TIZON (Phoenicurus ochruros) -Ver en Galería de Imágenes-
En otoño, los colirrojos, especialmente el Colirrojo Tizón, nos resulta fácil de ver en zonas donde haya rocas, pero también alrededor de los restos de las basuras que algunos desaprensivos siguen vertiendo en nuestros montes. También aparecen por los tejados de las casas y en los caminos de los montes o en el piso montano y claro de una agrupación de quejigos, robles o pinos, es decir, áreas relativamente despejadas. Tampoco faltan, por lo tanto, en las praderas próximas a roquedos.
Me resulta curioso ver cómo se alimentan, saltando en vertical por las paredes de algunos caminos en busca de insectos, volviendo frecuentemente a su posadero habitual en las ramas de un arbusto cercano. De vez en cuando cambia de táctica y se suspende como un colibrí buscando probablemente arañas en otro pequeño arbusto o la corteza de algún arbolillo, siempre cerca del suelo. En otras ocasiones busca el alimento en el suelo, dando saltitos y moviendo la cola al tiempo que se agacha y se levanta. A veces se queda inmóvil durante unos minutos. Es fácil ver a machos y hembras en un determinado lugar.
Las hembras suelen ser de un color más claro que los machos, pero ambos se distinguen sobre todo por la cola, que se asemeja a una brasa que surge de su cuerpo. Su tamaño es de unos 15 centímetros.
Nuestros colirrojos proceden del centro de Europa e invernan entre nosotros, aunque muchos de ellos son sedentarios. Cuando llega la primavera, cantan desde posadero alto, como una roca, tejado, etc., emitiendo una serie de notas agudas, seguidas de un ruido como el de arrastrar grava. La cópula va precedida de una serie de danzas por parte del macho. Construye el nido bajo tejados de cobertizos, en pajares, bajo las repisas de las ventanas y también en agujeros de árboles viejos. Emplea en ello raicillas, pajas, pelos, etc. Pone la hembra 5 o 6 huevos blancos, que incuba durante unos 14 días.
Finalmente, diremos que el Colirrojo Tizón es una especie muy común en invierno, que aprovecha las solanas de los montes y caminos para alimentarse, pues en ellos encuentra cada vez más insectos, tal vez porque los inviernos ya no son como antes. De esta forma contribuyen a mantener el equilibrio, eliminando el exceso de insectos debido al cambio climático.
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